FRECUENCIA CARDÍACA, ¿SIGUE SIENDO ÚTIL?

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Aunque los potenciómetros son y siguen siendo uno de los dispositivos más efectivos para poder medir y optimizar el rendimiento del ciclista, el parámetro de la frecuencia cardíaca en cambio, sigue teniendo todavía para bastantes deportistas un considerable valor a la hora de controlar la intensidad, por ejemplo, en entrenamientos y competiciones.

La velocidad con la que late nuestro corazón es un input que nos ayuda a estimar el nivel de intensidad con el que se ejercita un deportista, o en nuestro caso, con la que pedalea un ciclista. A pesar de que existen numerosos condicionantes que pueden alterar la frecuencia cardíaca tanto en reposo como en ejercicio, existe una conexión o relación entre intensidad del esfuerzo y su valor. Contra más intensidad, generalmente y como es sabido, mayor es el valor de la frecuencia cardíaca.

Hay un límite fisiológico

Esto ocurre hasta que se alcanzan valores de intensidad iguales o cercanos a los del consumo máximo de oxígeno (Vo2Max) a partir de los cuales, la frecuencia cardíaca no tiene más posibilidad de aumentar, aunque el ciclista si que pueda ejercitarse todavía a una mayor intensidad, la frecuencia cardiaca en ese caso, apenas variará.

A pesar de este límite fisiológico de las pulsaciones, en entrenamientos de larga distancia o de ritmos estables, en los que difícilmente ese alcanzan intensidades de Vo2Max, la frecuencia cardíaca puede seguir siendo un parámetro bastante útil para controlar la intensidad del esfuerzo.

Si se controlan aspectos como la hidratación, la cadencia, la temperatura corporal y se conoce en qué nivel de forma que tenemos en ese momento, podremos usar la frecuencia cardíaca para entrenar por zonas e intentar mejorar en cualquiera de los aspectos o procesos metabólicos que se producen eso sí, por debajo del consumo máximo de oxígeno.

Potencia y pulso, ¿opuestos o aliados?

Si sin embargo usamos vatios para entrenar, potencia, debemos saber que el uso de la frecuencia cardíaca nos ayuda también a valorar mejor nuestra capacidad de adaptación al esfuerzo, especialmente al cardiovascular. También nos puede advertir de estados de fatiga que padezca el ciclista o modificaciones en el estado de forma a medida que pasa el tiempo. Veámoslo con un ejemplo:

Gráfica 1

Primer entrenamiento de la semana. Carretera 4 x 10′ en z3 (W)

Planteamos la misma sesión de entrenamiento a un ciclista, donde el objetivo era completar 4 intervalos dentro de su zona 3 de potencia (230-267W). En la gráfica 1 el ciclista afrontó la sesión con un buen nivel de frescura y un descanso óptimo. La media de potencia (línea lila) en los intervalos fue entorno los 250W y la de FC (línea roja) de 140ppm. La franja roja indica donde se sitúa la zona 3 de FC y la discontinua el umbral anaeróbico.

Gráfica 2

Último entrenamiento de la semana. Carretera 4 x 10′ en z3 (W)

Si nos fijamos en la segunda gráfica, tras varios días sin descanso y con una carga importante de entrenamiento, el ciclista realizo la misma sesión. Analizando los datos de potencia, el ciclista fue capaz de mover las mismas medias (252W) pero se puede observar como el comportamiento de la frecuencia cardíaca no respondió de la misma forma. Las medias de FC fueron de 123ppm, valor que junto a las malas sensaciones reportadas por parte del deportista, nos avisan de niveles de fatiga importante en que el ciclista y sugieren la necesidad de un descanso o reducción de la carga de entrenamiento.

A vueltas con el HRV

Otra aplicación práctica que a día de hoy conserva el uso de la frecuencia cardíaca es el de su variabilidad. Midiendo la variabilidad de nuestro pulso (tiempo transcurrido entre latido y latido) con un sencillo test en reposo podemos tener una idea aproximada de qué estado de forma tenemos y de nuestra capacidad para seguir acumulando estrés del entrenamiento. Desde hace unos años esta es otra de las utilidades e intereses que sigue existiendo en el uso de la frecuencia cardíaca en deportistas de cualquier tipo, pero especialmente en deportistas de resistencia como los ciclistas, con altos volúmenes de trabajo.

El pulso por tanto, sigue siendo útil si tienes controladas algunas variables, por lo menos, para saber interpretarlas en los momentos que se produzcan como la temperatura, altitud, deshidratación, etc. Tiene sentido seguir utilizándolo cuando entrenamos a ritmos constantes o entrenamientos con series o intervalos largos y sostenidos, además de poder usarla como marcador de un posible sobre entrenamiento observando el valor de variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV).

 

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