Acidosis

Muchos ciclistas basan sus entrenamientos hacer en kilómetros y más kilómetros, básicamente porque caen en el tradicional error de pensar que cuanto más, mejor. Es lo que otros tantos, no sin parte de razón, denominan como «kilómetros basura». Y es que el trabajo basado únicamente en el volumen, o al menos éste como principal objetivo, no supone un estímulo lo suficientemente intenso ni complejo desde el punto de vista metabólico como para desencadenar adaptaciones que optimicen realmente el rendimiento en competición. Es cierto que quien entrena muchas horas de bici tiene un buen nivel de forma. Que el que dedica cierta parte de su entrenamiento a hacer series o intervalos sostenidos en el tiempo de 30, 20 ó 15′, también experimenta un aumento de sus prestaciones, sobretodo en largas distancias, ¿pero qué ocurre con los intervalos cortos?, ¿Qué pasa con aquellos esfuerzos repetidos de 3′, 1′, 30»? ¿Son útiles? … Por supuesto. ¿Cuantos ciclistas trabajan intensamente en estos rango de tiempo? … Muy pocos.

Los motivos pueden ser varios, pero sin duda, uno de ellos es que hacer un esfuerzo máximo de por ejemplo, 1′ y además en repetidas ocasiones como puede ser en un trabajo de series o interválico, provoca sensaciones orgánicas ciertamente desagradables o agobiantes. Son esfuerzos muy cortos pero realmente muy pesados de soportar. Hay que estar realmente motivado y convencido de su conveniencia para llevarlos a cabo. Además los ciclistas asocian su deporte a las largas distancias, a los ritmos sostenidos y por tanto, no ven interesante a priori, este tipo de trabajo interválico de corta duración.

En realidad y a pesar de la creencia popular, se ha demostrado ampliamente que realizar en nuestra rutina de entrenamiento esfuerzos reiterados, de corta duración y mucha intensidad, tiene claros beneficios para el rendimiento. Incluso en deportes de reistencia, como puede ser el ciclismo de carretera o la disciplina de cross country en mountain bike. Este es un trabajo que provoca situaciones de marcada acidosis muscular. Esta se produce por la acumulación de ácido láctico en el interior del músculo que reduce drásticamente su ph. Los síntomas son dolor agudo de piernas, severa disminución de la capacidad de trabajo muscular, respiración descontrolada, sensación de agobio generalizado e incluso el característico «sabor a sangre» en la garganta.

Difícilmente en marchas cicloturistas o pruebas de muy larga duración, vamos a recurrir a intensidades tan elevadas. No se generan en este tipo de pruebas, o es muy poco habitual en ellas, producir grandes volúmenes de ácido láctico y soportar valores tan marcados de acidosis. Sin embargo en competiciones, donde son habituales los violentos cambios de ritmo o en disciplinas como el mountain bike donde existe una importante oscilación de intensidad, tener una buena tolerancia a la acidosis, es decir, acostumbrar al músculo a trabajar intensamente a pesar de la acumular importantes cantidades del ácido láctico. Esto solo se trabaja con intervalos lo suficientemente cortos como para que permitan intensidades que desencadenen una importante acidosis; 3, 2, 1′, 45, 30, 20» pedaleando a tope. Entrando de lleno en las zonas 6 (acidosis) e incluso 7 (neuromuscular) del entrenamiento por potencia. Los intervalos con estos tiempos de trabajo que empleados en el momento y de la forma adecuada pueden acabar por redondear el rendimiento del ciclista más exigente con su preparación. Se obtienen buen ritmo a intensidades elevadas, mejor capacidad de recuperación ante esfuerzos cortos e intermitentes y como no, más capacidad para soportar malas sensaciones.

Sin embargo y ya por último, este tipo de entrenamiento para trabajar la acidosis sólo puede, o solo debería, realizarse por ciclistas ya experimentados y sobretodo, con una buena base de entrenamiento aeróbico previo. Sólo esta circunstancia, nos permite un buen margen de mejora si trabajamos posteriormente a intensidades muy elevadas. Intensidades a menudo cruciales en competición.